Turista en Nueva York.
Estoy de vuelta, después de una semana en Nueva York.
Desde pequeña tenía muchas ganas de conocerla y, como a tantas personas, el cine no ha hecho más que alimentar ese deseo durante años.
Mi padre me había planteado el viaje como un premio fin de carrera. Me lo había prometido hace al menos un año, cuando empecé el último curso. Sería un regalo compartido con una familia feliz e iríamos los cuatro. Pero, por la situación en que estamos, terminó convirtiéndose en un viaje de un separado con sus hijas mayores. En algún momento podía dar la sensación de que castigábamos a mi madre dejándola en tierra, aunque sé que mi padre no lo pretendía. Incluso nos recordó varias veces la conveniencia de que lleváramos algunos regalos para ella y nos dio bastante dinero para que pudiéramos ser generosas.
Aunque no me ha decepcionado la ciudad, sí que lo ha hecho en alguna medida el viaje: me daba la impresión de haberlo hecho anteriormente, de conocer todos los lugares, las actitudes de la gente en general. Creo que me pesaba mucho la cultura cinematográfica, a pesar de no ser una gran cinéfila. Notaba que mis ojos encuadraban según lo visto mil veces. Inconscientemente me fijaba en las personas en las que se ha fijado el cine.
Pasear por Central Park, comer en la Little Italy, subir a la Estatua de la Libertad, entrar en el Metropolitan... Hicimos lo que hace la mayoría de los turistas.
Es curioso, pero a la vuelta siempre te encuentras con el que quiere desmarcarse del estereotipo: no hizo tal cosa, ni la otra, no fue a tal sitio (“está siempre lleno de turistas”, “es una guirilada”). Eso sí descubrió todos los mejores sitios que ningún turista conoce, habló con la gente del lugar (aunque desconozca el idioma) y en una semana pudo saber cómo vive en realidad la gente (aunque a los antropólogos esto les cueste años).
Yo me conformé con ser una turista.
Desde pequeña tenía muchas ganas de conocerla y, como a tantas personas, el cine no ha hecho más que alimentar ese deseo durante años.
Mi padre me había planteado el viaje como un premio fin de carrera. Me lo había prometido hace al menos un año, cuando empecé el último curso. Sería un regalo compartido con una familia feliz e iríamos los cuatro. Pero, por la situación en que estamos, terminó convirtiéndose en un viaje de un separado con sus hijas mayores. En algún momento podía dar la sensación de que castigábamos a mi madre dejándola en tierra, aunque sé que mi padre no lo pretendía. Incluso nos recordó varias veces la conveniencia de que lleváramos algunos regalos para ella y nos dio bastante dinero para que pudiéramos ser generosas.
Aunque no me ha decepcionado la ciudad, sí que lo ha hecho en alguna medida el viaje: me daba la impresión de haberlo hecho anteriormente, de conocer todos los lugares, las actitudes de la gente en general. Creo que me pesaba mucho la cultura cinematográfica, a pesar de no ser una gran cinéfila. Notaba que mis ojos encuadraban según lo visto mil veces. Inconscientemente me fijaba en las personas en las que se ha fijado el cine.Pasear por Central Park, comer en la Little Italy, subir a la Estatua de la Libertad, entrar en el Metropolitan... Hicimos lo que hace la mayoría de los turistas.
Es curioso, pero a la vuelta siempre te encuentras con el que quiere desmarcarse del estereotipo: no hizo tal cosa, ni la otra, no fue a tal sitio (“está siempre lleno de turistas”, “es una guirilada”). Eso sí descubrió todos los mejores sitios que ningún turista conoce, habló con la gente del lugar (aunque desconozca el idioma) y en una semana pudo saber cómo vive en realidad la gente (aunque a los antropólogos esto les cueste años).
Yo me conformé con ser una turista.




