lunes, agosto 27, 2007

Peinados e imagen personal

Peinados de moda en Japón.
¿Cuál puede ser la razón para que muchas mujeres cambien constantemente de peinado?
La que ayer era rubia, hoy va de morena; la morena, de pelirroja…
Podría ser una versatilidad positiva: se adaptan a las circunstancias, a la moda, para alcanzar las condiciones más provechosas en la seducción amorosa, en la conquista del aprecio social y laboral.
Pero también podría entenderse como un camuflaje de huída: tras una fuerte discusión familiar, tras un fracaso amoroso, tras la pérdida de un empleo, cuántas mujeres no cambian radicalmente su “look capilar”. Mi tía afirma que todas sus amigas divorciadas “en cuanto firmaron los papeles, se tiñeron el pelo de rojo, que es el cartel de libre para las que pasan de los cuarenta”.
Como afirma en su blog mi admirado Esopo, el pelo habla de la edad y en la juventud, se cambia de peinado, como una metáfora del cambio vital. Se diría que cuanto más rápido cambias el color o la longitud del cabello, más trepidante es tu vida. Llega a ser desesperante encontrar a una antigua amiga con el mismo peinado que acompañaba a sus primeros granos de acné; pero también es desconcertante poder llegar a no reconocer a esa amiga con quien ayer cenaste.
Con la madurez y la estabilidad, nuestras madres se dedican a subrayar esa estabilidad: se cubren las canas con el mismo tinte y no suelen cambian su estilo.
Cuando la mujer toma conciencia de que ya es mayor (es decir cuando se convierte en abuela o cuando ha oído a los nuevos vecinos recién casados referirse a ella como “la vieja”) suele hacer un nuevo cambio. O aceptan su edad y acomodan su aspecto a lo que la sociedad espera de ellas, abandonan los tintes para lucir sus canas con un nuevo y elegante peinado, adoptan una elegante coquetería con nuevos complementos y vestidos y alguna nueva joyita. O se resisten con tenacidad a parecer abuelas, se hacen una permanente (que consideran juvenil), se tiñen de rubio o cobrizo, se visten de rojo y copian a sus hijas el bolso y las gafas de sol.

Ayer Carmen se presentó con un nuevo corte de pelo, tan guapa como siempre. Y hace dos días mi madre y mi abuela han vuelto de vacaciones con nuevos peinados y cortes.
¡Voy a pedir hora en la peluquería, para hoy mismo! ¡Me quedo out!

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martes, agosto 14, 2007

Me gusta mirar

A mí también me gusta mirar.
Me gusta mirar a Carmen.
Cuando entra en la habitación,
Cuando se queda frente a mi cama,
Cuando se quita el top a rayas rojas y blancas, que se compró porque soy del Atleti,
Cuando se desabrocha la minifalda blanca, que lleva como fidelidad a su Real Madrid,
Cuando se suelta el pelo,
Cuando se quita el sujetador,
Cuando se desabrocha las sandalias de tacón y puedo ver sus bellas piernas,
Cuando se me muestra completamente desnuda,
Cuando se acerca con delicadeza a la cama y entra en ella.
Después puedo dejar de mirar: no lo necesito.
Volveré a mirar
Su espalda desnuda mientras se levanta,
Sus elegantes movimientos mientras se viste,
Sus juegos de manos que le recogen el cabello,
Su nuca cuando se agacha para abrocharse las sandalias,
Su esbelta figura vestida cuando sale de la habitación y me sopla un beso.
Entonces, me levanto rápidamente para poder seguir mirándola y la beso, y la abrazo.
Y me siento feliz.

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lunes, agosto 13, 2007

La feminista jubilada

Este fin de semana he conocido a “mi suegra”. No responde al estereotipo de suegra del que tanto se oye hablar. No parece una metomentodo, no me miró de arriba abajo varias veces para terminar concluyendo que no me merezco a su hija. Es una mujer que conserva cierto atractivo juvenil a pesar de su edad, pero en su mirada y en sus ademanes deja traslucir cierta tristeza fruto del amor no correspondido y de ambiciones frustradas; pero también el orgullo de haber luchado contra muchas barreras y de haber vencido algunas.
Es una profesora jubilada, aunque Carmen me ha dicho que nunca se define así, que prefiere decir que es una feminista jubilada, porque ha renunciado a seguir luchando, cansada de ver cómo muchos aspectos machistas son redefinidos para evitar las críticas de fondo, y cómo muchas mujeres los dan por buenos.
Durante la Transición, formó parte de los grupos feministas que lucharon por las reformas sociales que conquistaran derechos para las mujeres, por el derecho al aborto, por la igualdad laboral, etc.
Como profesora de instituto se ganó fama de antipática entre los alumnos, porque atacaba sin descanso los estereotipos machistas que traían de sus casas, y entre el profesorado porque no se dejaba manipular por las falsas polémicas que creaban, y que bajo una máscara social y progresista, encubrían simples demandas laborales.
Con los cuarenta años cumplidos, y cuando ya le escupían aquello de que era “feminista porque no conseguía a ningún tío que la quisiera”, se enamoró de un alumno de 18 años y debió de perder la racionalidad que llevaba a gala. Quedó embarazada y tuvo un parto de mellizos: Carmen y su hermano. Al parecer, aquella historia causó bastante revuelo en el instituto de barrio en que trabajaba; le llovieron críticas y burlas, pero supo soportarlas y conservar a su chico enamorado.
Supongo que fueron años difíciles: en el trabajo, aguantando comentarios indiscretos y miradas oblicuas; en casa, cuidando de dos niños y apoyando y manteniendo a su marido para que pudiera estudiar en la Universidad. Y, cuando todo parecía normalizarse, el padre de Carmen la dejó por otra mujer más joven. Fue un golpe duro, ingrato, seguramente inmerecido. Debió de sentirse traicionada, ¡y por un mujer! Bueno, por una mujer y por un hombre, que era su marido.
Carmen cree que, a raíz de aquello, abandonó la lucha feminista. Ella, como su madre, culpa de todo a esa mujer intrusa; pero creo que su visión de las cosas está condicionada por el cariño hacia su padre.
Espero un día conocerlo también.

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jueves, agosto 09, 2007

Puzles incompletos

El comportamiento de mi vecino adolescente no es muy diferente al de la mayoría de las personas: casi todos intentamos cazar fragmentos de vidas privadas para recomponer historias completas.
El chico busca imágenes idealizadas con las que alimentar sus fantasías en tanto no puede realizarlas.
La señora del bajo se asoma por la mirilla en cuánto oye entrar a alguien en el portal. ¿Qué puede ver?: a un vecino que entra o sale de su casa; a un visitante al que pierde la pista cuando coge el ascensor. Y husmea sin necesidad, porque el conserje la va a informar con todo detalle de cualquier mínima cotilleo que se produzca en el bloque. Realmente, el conserje y la del bajo son una pareja de hecho, al margen de sus cónyuges, para todo lo relacionado con el chismorreo.
Quienes se asoman al patio cuando oyen voces, intentando descubrir de qué piso salen, de qué están hablando, por qué están discutiendo. Después, con las tres frases entrecortadas se trata de reconstruir la historia de amor de la del cuarto, las razones de la infidelidad del calvo que vive en el segundo, o las relaciones de Jacinta con sus cuñadas, que viven el la puerta de al lado.
Quienes prestamos oídos a la conversación que mantienen dos viajeros en el autobús, o a la que otro mantiene por el móvil con su novia.
¿Qué hacemos si no mirar a través de un cristal traslúcido? Tratar de adivinar lo que hay tras él, algo que se nos muestra incompleto y sin formas nítidas.
¿Y si la conversación por el móvil, las voces por el patio, el entrar y salir de los vecinos, no fueran más que perchas agitadas, señuelos, falsos exhibicionismos, con los que engañarnos a todos los mirones-escuchones?
¿Quiénes nos dedicamos a leer blogs personales? Quienes gustamos de mirar a través de un cristal traslúcido.
Sabemos de la imposibilidad de que el autor nítidamente: selecciona aspectos y momentos de su vida; los maquilla; en el mejor de los casos sólo puede ofrecernos lo que su espejo le devuelve (y ya sabemos que todos los espejos del mundo están emparentados con los del Callejón del Gato). Aún así, descubrimos gran verosimilitud y sinceridad en muchos blogs, y cuando es así, nos asomaremos con frecuencia a la ventana del ordenador para ver si la autora ha decidido entrar al baño con la luz encendida y, si es así, descubrimos que, como los de todos en el baño, unas veces sus actos son vulgares y otras, sensuales; unas veces se desnuda y otras, se pasea en bata. ¿Y quién nos asegura que, a pesar de lo que creemos, no está moviendo la percha con el vestido rojo?
Quienes escribimos un blog personal debemos asumir de que nos mostramos de manera parcial, limitados por nuestro pudor, por nuestros recursos expresivos y por otra multitud de condicionantes conscientes o inconscientes. Quienes nos mantenemos en el anonimato, podemos mostrarnos con menos pudor, porque quienes se asoman a su ventana, nos ven tras el cristal, pero no saben en qué piso vivimos, ni pueden sonrojarnos en la calle con un saludo cómplice o un reproche fuera de tono. En cambio, sospecho que quienes firman sus blogs con nombre, apellido, dirección, etc. jamás entran en el baño con la luz encendida y su exhibicionismo se limita a agitar la percha del vestido rojo.
(La grabación obtenida con mi cámara web me informa que el muchacho, efectivamente, espía; pero lo hace como sin querer: asomándose mientras sube un poco la persiana, volviéndose a asomar mientras que vuelve a bajar la persiana, corre la cortina... ¿No le sería más cómodo y discreto (uf, parece anuncio de compresas) ocultarse en la penumbra, al fondo de su habitación?)

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lunes, agosto 06, 2007

Miradas ocultas

He descubierto que tengo un joven admirador secreto. ¿O es admirador de mi madre?
Como estoy sola en casa, porque mi familia está de vacaciones, uso el baño de mis padres, que es más amplio y cómodo que “el de las niñas” (es decir, el que usamos mi hermana, yo y las visitas). Ese baño tiene una ventana con cristal traslúcido que da al patio interior del edificio. Pero debe ser que con la luz del baño y la proximidad de la ventana a la ducha se debe intuir o adivinar las siluetas del interior. El caso es que, al terminar de ducharme y abrir la ventana he visto como el vecinito de enfrente, que tendrá unos 16 años, aún mantenía la mirada fija en su objetivo. Al verme, he notado cómo se ha sentido sorprendido, algo avergonzado, y se ha ocultado rápidamente tras su ventana. He supuesto que me ha estado observando mientras me duchaba y, como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, me he propuesto confirmarlo: he dejado la luz del baño encendida y me he ido a la ventana de la cocina; desde allí, he podido ver cómo cada pocos minutos se asomaba el vecinito a su ventana y trataba de adivinarme a través del cristal.
Confirmada mi sospecha, he decidido ser un poquito malvada. He puesto en una percha un vestidito rojo que tengo y la he colgado de la barra de la ducha. Después he atado a la percha una cuerda larga para que llegara hasta la cocina. Desde allí, tiraba un poquito de la cuerda para darle movimiento al vestido y he esperado a que el muchacho asomara su cabecita. Cuando le he visto aparecer, he tensado y aflojado varias veces la cuerda para mover el vestido y he tenido al pobre chico varios minutos con la vista clavada en la ventana.
Tengo que perfeccionar un poco más el trabajo de mi marioneta, porque la verdad es que me ha resultado muy divertido. A lo mejor, para conseguir más realismo, pongo la webcam a grabar en la ventana de mi cocina y hago yo de marioneta. Después podría enseñarle la grabación a Carmen para echarnos unas risas.
No sé si tendría que contarle a mi madre lo de su admirador secreto. Seguro que, a sus cuarenta y tantos años, algo así le sube la autoestima; aunque no lo necesita, porque se conserva muy guapa y mi padre se lo reconoce constantemente.

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viernes, agosto 03, 2007

Algunos tipos de besos castos

Siguiendo con el tema de los besos, expongo aquí algunos tipos de besos que, espero, no estén catalogados como peligrosos por los chinos.

Beso a los bebés: motivados por la ternura que inspiran. Pero si no son muy cercanos, procuras besarlos en la frente: dices que es por higiene hacia ellos, pero en verdad tememos que si los besamos en la mejilla, nos mojemos con sus babas.
Beso metralleta: Repetición sonora de muchos besos que te dan tus tías cuando eres pequeña y, cuando acaban, te limpias la mejilla con la mano.
Beso compromiso: el que te obligas a dar por quedar bien a alguien por quien no sientes nada. Es un vulgar “hola” acercando tu mejilla a la suya.
Beso consuetudinario: el que se da a alguien con quien tienes confianza o afecto y sirve también de saludo. Tienes tan interiorizado su acto que lo haces por costumbre y equivale también a un “hola”. Podrías no darlo, pero te resultaría raro no hacerlo.
Beso de esquimal: el que se da, como forma de juego, frotando muestra nariz con la de la otra persona, que si no es nuestra pareja, suele ser un niño.
Beso de mariposa: suele tener el mismo sentido y destinatarios que el de esquimal, pero se realiza rozando nuestras pestañas con las de la otra persona.
Beso de sumisión: cada vez menos frecuente, el que se da en la mano de las “altas señoras” por parte de quienes se consideraban inferiores o el que se da en el anillo de los jerarcas eclesiásticos (antes, a cualquier cura)
Beso ritual: el que da sentido a un rito, por ejemplo el que se dan los novios tras contraer matrimonio.
Beso soplado: Cuando otra persona está presente, pero fuera de nuestro alcance físico. Besamos la palma de nuestra mano, la abrimos como si sostuviéramos un vilano y soplamos en dirección a la persona besada, para que le llegue.
Beso por transferencia: cuando en ausencia de alguna persona querida, besas su retrato o algo que te recuerda a ella.
Beso pellizquito amoroso: el que damos a nuestra pareja con suavidad, intentando pellizcar con nuestros labios uno de los suyos (normalmente el que nos parece más sensual).
Beso piquito: parecido al pellizquito amoroso, pero no se intenta atrapar el labio de la amada: ponemos los labios en forma de morrito y nuestra pareja hace lo mismo.
Beso robado: El que se da por sorpresa, especialmente a alguien que se resistía a besarte.
Beso cállate: El que damos a nuestra pareja, sellándole los labios, cuando nos quiere decir algo que no queremos escuchar o que no necesita explicar.
(Beso morreo: Seguro es peligroso. Se da con mucha pasión y cuando lo hago, no estoy para tomar apuntes.)

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