Peinados e imagen personal
La que ayer era rubia, hoy va de morena; la morena, de pelirroja…
Podría ser una versatilidad positiva: se adaptan a las circunstancias, a la moda, para alcanzar las condiciones más provechosas en la seducción amorosa, en la conquista del aprecio social y laboral.
Pero también podría entenderse como un camuflaje de huída: tras una fuerte discusión familiar, tras un fracaso amoroso, tras la pérdida de un empleo, cuántas mujeres no cambian radicalmente su “look capilar”. Mi tía afirma que todas sus amigas divorciadas “en cuanto firmaron los papeles, se tiñeron el pelo de rojo, que es el cartel de libre para las que pasan de los cuarenta”.
Como afirma en su blog mi admirado Esopo, el pelo habla de la edad y en la juventud, se cambia de peinado, como una metáfora del cambio vital. Se diría que cuanto más rápido cambias el color o la longitud del cabello, más trepidante es tu vida. Llega a ser desesperante encontrar a una antigua amiga con el mismo peinado que acompañaba a sus primeros granos de acné; pero también es desconcertante poder llegar a no reconocer a esa amiga con quien ayer cenaste.
Con la madurez y la estabilidad, nuestras madres se dedican a subrayar esa estabilidad: se cubren las canas con el mismo tinte y no suelen cambian su estilo.
Cuando la mujer toma conciencia de que ya es mayor (es decir cuando se convierte en abuela o cuando ha oído a los nuevos vecinos recién casados referirse a ella como “la vieja”) suele hacer un nuevo cambio. O aceptan su edad y acomodan su aspecto a lo que la sociedad espera de ellas, abandonan los tintes para lucir sus canas con un nuevo y elegante peinado, adoptan una elegante coquetería con nuevos complementos y vestidos y alguna nueva joyita. O se resisten con tenacidad a parecer abuelas, se hacen una permanente (que consideran juvenil), se tiñen de rubio o cobrizo, se visten de rojo y copian a sus hijas el bolso y las gafas de sol.
Ayer Carmen se presentó con un nuevo corte de pelo, tan guapa como siempre. Y hace dos días mi madre y mi abuela han vuelto de vacaciones con nuevos peinados y cortes.
¡Voy a pedir hora en la peluquería, para hoy mismo! ¡Me quedo out!







