Feminismo lingüístico
En la última página de "El País" de hoy, se preguntan por qué no llamar "cancillera" a Angela Merkel. Supongo que por la misma razón que cuando se necesita cambiar la instalación eléctrica no llamamos al "electricisto", ni conducimos "un moto", ni utilizamos "el mano" o "la mana" para ciertas cosas.
Espero que las internautas y "los internautos" sepan entender las razones que me llevan a opinar así, a pesar de estar, como mujer, plenamente de acuerdo con gran parte de los planteamientos feministas.
Creo que lo fundamental es que se normalice, y sea habitual, que las cancillerías y otros puestos de trabajo o responsabilidad política puedan ser ocupadas tanto por mujeres como por hombres. Esto llevaría a que la sociedad cuando oiga o lea la palabra (que, entendámonos bien, sólo es la reproducción de unos sonidos o letras) "canciller" le venga a la mente la imagen de la persona que ocupa el puesto y no su sexo.
Actualmente cuando nombramos al electricista, la mayoría pensamos en un hombre, aunque la palabra acabe en -a, porque ese trabajo es desarrollado en la mayoría de los casos por hombres. Cuando hablamos de "internautas", en general, pensamos en personas que utilizan internet, y no les atribuimos prejuiciosamente un determinado sexo. ¿Por qué? Creo que se debe a tener asumido que es una actividad desarrollada tanto por mujeres como por hombres.
En conclusión que la terminación de una palabra no implica machismo ni feminismo; es un "accidente gramatical" de la lengua. De hecho, muchas palabras, con el mismo significado, cambian de género dependiendo del idioma: los nombres de árboles frutales son masculinos en español y femeninos en latín; y la palabra que designa a la mujer soltera, en español es femenino (señorita) y en alemán es neutro (¡¡??).
El machismo o no está en lo que la sociedad refleja con esa palabra.
Espero que las internautas y "los internautos" sepan entender las razones que me llevan a opinar así, a pesar de estar, como mujer, plenamente de acuerdo con gran parte de los planteamientos feministas.
Creo que lo fundamental es que se normalice, y sea habitual, que las cancillerías y otros puestos de trabajo o responsabilidad política puedan ser ocupadas tanto por mujeres como por hombres. Esto llevaría a que la sociedad cuando oiga o lea la palabra (que, entendámonos bien, sólo es la reproducción de unos sonidos o letras) "canciller" le venga a la mente la imagen de la persona que ocupa el puesto y no su sexo.
Actualmente cuando nombramos al electricista, la mayoría pensamos en un hombre, aunque la palabra acabe en -a, porque ese trabajo es desarrollado en la mayoría de los casos por hombres. Cuando hablamos de "internautas", en general, pensamos en personas que utilizan internet, y no les atribuimos prejuiciosamente un determinado sexo. ¿Por qué? Creo que se debe a tener asumido que es una actividad desarrollada tanto por mujeres como por hombres.
En conclusión que la terminación de una palabra no implica machismo ni feminismo; es un "accidente gramatical" de la lengua. De hecho, muchas palabras, con el mismo significado, cambian de género dependiendo del idioma: los nombres de árboles frutales son masculinos en español y femeninos en latín; y la palabra que designa a la mujer soltera, en español es femenino (señorita) y en alemán es neutro (¡¡??).
El machismo o no está en lo que la sociedad refleja con esa palabra.



