jueves, noviembre 30, 2006

Feminismo lingüístico

En la última página de "El País" de hoy, se preguntan por qué no llamar "cancillera" a Angela Merkel. Supongo que por la misma razón que cuando se necesita cambiar la instalación eléctrica no llamamos al "electricisto", ni conducimos "un moto", ni utilizamos "el mano" o "la mana" para ciertas cosas.
Espero que las internautas y "los internautos" sepan entender las razones que me llevan a opinar así, a pesar de estar, como mujer, plenamente de acuerdo con gran parte de los planteamientos feministas.
Creo que lo fundamental es que se normalice, y sea habitual, que las cancillerías y otros puestos de trabajo o responsabilidad política puedan ser ocupadas tanto por mujeres como por hombres. Esto llevaría a que la sociedad cuando oiga o lea la palabra (que, entendámonos bien, sólo es la reproducción de unos sonidos o letras) "canciller" le venga a la mente la imagen de la persona que ocupa el puesto y no su sexo.
Actualmente cuando nombramos al electricista, la mayoría pensamos en un hombre, aunque la palabra acabe en -a, porque ese trabajo es desarrollado en la mayoría de los casos por hombres. Cuando hablamos de "internautas", en general, pensamos en personas que utilizan internet, y no les atribuimos prejuiciosamente un determinado sexo. ¿Por qué? Creo que se debe a tener asumido que es una actividad desarrollada tanto por mujeres como por hombres.
En conclusión que la terminación de una palabra no implica machismo ni feminismo; es un "accidente gramatical" de la lengua. De hecho, muchas palabras, con el mismo significado, cambian de género dependiendo del idioma: los nombres de árboles frutales son masculinos en español y femeninos en latín; y la palabra que designa a la mujer soltera, en español es femenino (señorita) y en alemán es neutro (¡¡??).
El machismo o no está en lo que la sociedad refleja con esa palabra.

jueves, noviembre 16, 2006

Chat con Marisa

Hacía, al menos, un par de semanas que no chateaba con Marisa. No he entrado mucho en el messenger, y cuando lo hacía no coincidíamos.
Anoche, al final, coincidimos. La saludé cariñosamente, como siempre, pero ella debía de estar enfadada y sus respuestas fueron muy secas, cortantes. Me sentí incómoda, notaba en sus respuestas un cierto reproche. Ella quiere que nos veamos, pero yo sigo insegura. Al poco rato, no sé si por corte, o por enfado decidí salir del chat.
Me siento culpable. No sé si con mucha razón, porque le he dicho claramente mis sentimientos, pero también le he hablado de que no estoy convencida ni preparada para quedar con ella. Creo que podemos mantener una relación amistosa, aunque sea por chat, y no ser sometida a lo que considero un chantaje emocional.
Hasta ahora me ha demostrado ser muy buena persona y quiero mantener esta opinión; pero ella debe darme la confianza que le pido.

viernes, noviembre 10, 2006

Síntesis del informativo matinal

Cada mañana me despierto y oigo la misma música con las mismas notas:

Accidentes. Amistad. Amor. Anciano. Andalucía. Cataluña. Cine. Coches. Corazón. Corrupción. Economía. Estatut. Estudios. ETA. Funcionario. Hacienda. Hombre. Informática. Joven. Leonor. Leticia. Madrid. Ministros. Montaña. Mujer. Música. Niño. País Vasco. Playa. Pobreza. Política. Príncipe. Rajoy. Rey. Riqueza. Sexo. Teatro. Terrorismo. Trabajo. Tráfico. Tripartito. Turismo. Universidad. Zapatero.

¡Por favor, que cambien las notas!
¿Cuales propondrías tú?

martes, noviembre 07, 2006

Mi amiga Isabel y su madre

Este fin de semana lo he pasado en casa de mi compañera Isabel.
Conozco a Isabel desde el Bachillerato, y las dos elegimos estudiar la misma carrera, por lo que seguimos siendo compañeras de Universidad. Hasta hace un par de meses, nuestra relación ha sido más bien superficial, de simples compañeras, porque cada una tenemos intereses y amigos diferentes fuera de las clases.
Pero hace dos meses murió su padre y se ha quedado sola, ya que su madre también había muerto cuando ella solo tenía un año. Eso me ha hecho volcarme en esta amiga, al principio, creo que por compasión; después, por el cariño que va creciendo entre nosotras.
De lo mucho que hemos hablado durante este fin de semana, lo que más me ha impresionado ha sido su confesión sobre lo mucho que ha echado de menos a una madre durante toda su vida.
Su padre trató de darle todo el cariño posible, sin llegar nunca a mimarla, le dedicó todo su tiempo libre. Siempre le facilitó la relación con la familia de su madre, a pesar de que a él lo despreciaban, pero creía que era necesaria para “su niña”. Por esta niña, también renunció a casarse de nuevo ya que ninguna mujer le parecía una “buena madre”.
Isabel no encuentra ningún reproche que hacerle. Todos los reproches se los hace a la vida, a la enfermedad que le privó de una madre, a una infancia corta, a una adolescencia sin más confidencias que las de amigas atolondradas y primas desconfiadas.
Después de descubrir las carencias de mi amiga Isabel, me pregunto por qué cada vez hay más personas que, sin pareja, deciden tener o adoptar hijos. Quizá un día, esos hijos se sientan como Isabel: que les ha faltado un padre o una madre.

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