Amigo invisible
El amigo invisible me parece una absurda moda que parece tener cada día más seguidores, pero con la que casi todo el mundo queda decepcionado. Mi opinión sobre esta práctica queda clara si digo que yo la llamo “el enemigo invisible".
Creo que buena parte de la decepción procede del hecho de que no te suele tocar regalar a la persona que más te apetece, que se fija un límite de gasto porque se asume que el regalo es más una obligación que un placer y que hay personas que aprovechan para ajustar cuentas con el regalado.
El amigo invisible se hace en grupos cuya cohesión es muy endeble y no hay una verdadera relación de afecto entre las personas: Sin embargo, el consumismo parece haber impuesto que se deben hacer regalos. Por otra parte, lo que veo es que los mayores partidarios de esta idiotez son quienes quieren parecer muy sociables, pero que, en realidad, carecen de relaciones afectivas sólidas. En algún caso, me consta, este tipo de regalos es el único que reciben.
Ya dije en otra ocasión que me resulta decidirme por los regalos, aunque a menudo me apetece mostrar mi afecto a alguna persona con un pequeño obsequio. Si el regalo me asalta en un escaparate o en una tienda, no tengo dudas: el flechazo suele darme resultado. Pero si tengo que regalar por un cumpleaños o por otra ocasión especial, me falla la decisión, porque querría acertar siempre, dar el en centro de la diana. Por eso, me sienta tan mal ver que muchas personas regalan cualquier tontería, sin pensar en el destinatario.
Algunos de los peores regalos que he visto han sido:
Una vela gigante de forma indefinible, color fucsia y que al encenderla apestó todo el local.
A Luis, al poco de que rompiera con una chica, le regalaron un libro de autoayuda para ligar, con recomendaciones absurdas y anticuadas porque era del año ochenta y tantos. Alguien estaba limpiando sus estanterías o lo había encontrado en algún saldo.
A Aurora, al año siguiente de casarse, le regalaron un delantal con el dibujo de un hombre desnudo y una nota que decía: “para una mujer necesitada”.
Un azulejo con el lema: “Quien de joven no trabaja, de viejo duerme en la paja”. El destinatario fue un compañero de la facultad que estaba en paro y necesitaba trabajar.
Una funda de ganchillo para móvil, que le tocó el año pasado a Maribel, ella que siempre lleva un móvil de lo más moderno y elegante. (Alguien comentó que la funda parecía un condón)
Un tanga rojo con trompa de elefante, a mi amiga Isabel. Supongo que esto, tendría más gracia para un chico, ¡pero para Isabel!
Muñeco infantil con una horrible voz que dice: “hola, dame un besito”.
Una jarra de cerveza con el asa en forma de pene, que le tocó a mi hermana Paula.
Creo que buena parte de la decepción procede del hecho de que no te suele tocar regalar a la persona que más te apetece, que se fija un límite de gasto porque se asume que el regalo es más una obligación que un placer y que hay personas que aprovechan para ajustar cuentas con el regalado.
El amigo invisible se hace en grupos cuya cohesión es muy endeble y no hay una verdadera relación de afecto entre las personas: Sin embargo, el consumismo parece haber impuesto que se deben hacer regalos. Por otra parte, lo que veo es que los mayores partidarios de esta idiotez son quienes quieren parecer muy sociables, pero que, en realidad, carecen de relaciones afectivas sólidas. En algún caso, me consta, este tipo de regalos es el único que reciben.
Ya dije en otra ocasión que me resulta decidirme por los regalos, aunque a menudo me apetece mostrar mi afecto a alguna persona con un pequeño obsequio. Si el regalo me asalta en un escaparate o en una tienda, no tengo dudas: el flechazo suele darme resultado. Pero si tengo que regalar por un cumpleaños o por otra ocasión especial, me falla la decisión, porque querría acertar siempre, dar el en centro de la diana. Por eso, me sienta tan mal ver que muchas personas regalan cualquier tontería, sin pensar en el destinatario.
Algunos de los peores regalos que he visto han sido:
Una vela gigante de forma indefinible, color fucsia y que al encenderla apestó todo el local.
A Luis, al poco de que rompiera con una chica, le regalaron un libro de autoayuda para ligar, con recomendaciones absurdas y anticuadas porque era del año ochenta y tantos. Alguien estaba limpiando sus estanterías o lo había encontrado en algún saldo.
A Aurora, al año siguiente de casarse, le regalaron un delantal con el dibujo de un hombre desnudo y una nota que decía: “para una mujer necesitada”.
Un azulejo con el lema: “Quien de joven no trabaja, de viejo duerme en la paja”. El destinatario fue un compañero de la facultad que estaba en paro y necesitaba trabajar.
Una funda de ganchillo para móvil, que le tocó el año pasado a Maribel, ella que siempre lleva un móvil de lo más moderno y elegante. (Alguien comentó que la funda parecía un condón)
Un tanga rojo con trompa de elefante, a mi amiga Isabel. Supongo que esto, tendría más gracia para un chico, ¡pero para Isabel!
Muñeco infantil con una horrible voz que dice: “hola, dame un besito”.
Una jarra de cerveza con el asa en forma de pene, que le tocó a mi hermana Paula.
Si no queda más remedio que participar en algo parecido al amigo invisible, yo sería más partidaria de poner una pequeña cantidad entre todos y sortear a quién regalarle algo bonito. Según el tamaño del grupo, el número de afortunados sería uno, dos, tres... Podría llamarse "el amigo afortunado, elegido, del año..."
Etiquetas: Amistad, Experiencias, Vida




6 Comments:
Te invito a conocer mi nuevo blog de sexo, y con ello, mi nueva entrada de este año.
Lo del amigo invisible es una mierda.
Los regalos son regalos porque los haces a quién te da la gana y por que te da la gana.
Un regalo hecho por obligación no es un regalo. Obviamente es una obligación (joder que redundancia más tonta jaja).
Así que ya sabes, regala a quién quieras lo que quieras, pero regalat a quién te toque.... Alguna vez con esa mierda de juego me ha tocado regalarle algo a alguien que jamás le hubiese regalado nada, y a quién sí, le tocó a otro.
Que paradójico....
Bueno, suerte con el blog Estefani,
un beso
Jaime
Bien... respeto tu opinión... pero para mi "el amigo invisible" ha resultado ser una buena forma de regalar algo que merezca la pena a alguien en Reyes... es decir... hacemos el amigo invisible y en lugar de tener que hacer 10 regalos regulares... hacemos uno bueno... todo el mundo tiene regalo y todo el mundo ahorra dinero... Perdona la intromisión,así de sopetón... he parado en tu blog... interesante. Un beso. Marea@
La verdad es que tienes toda la razón...
Yo me lo curro un montón y a mi me regalan cada mierda...
Un beso
No siempre es para tanto, precisamente puede ser una buena excusa para reforzar la endeble cohesión de un grupo, sin que todos se hagan regalos a todos. Pero claro, siempre depende de la voluntad que pongan los regalantes para no acabar en ese tipo de chorradas, aunque hay que decir que quien regala chorradas las regala para un amigo invisible, visible, o a su hijo.
Yo no practico lo del "amigo invisible", pero conozco gente que, entre los cinco que son en la familia, lo hace por las mismas razones que ha expuesto marea@. Todos se quieren y se conocen y se hacen unos regalos que les gustan.
Lo del amigo invisible que se hace entre desconocidos pues... la verdad que es una auténtica chorrada.
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