Edades de mujer.
Hace unas semanas, Milagros me dejó en el blog un comentario para decirme que le parecía que mi edad no concordaba con la "edad de quien escribe en este blog".
Creo que puede tener razón: con mi forma de ser, tengo la rara habilidad de echarme años encima. Es una de las razones por las que pongo mi edad en el perfil de este blog: para que quien lo leyera no pensara que eran las historietas de la abuela.
Es frecuente que muchas personas se queden un poco descolocadas porque no les cuadra mi aspecto físico (pueden llegar a considerarme una niñata adolescente) con mi forma de hablar o las cosas que pueden interesarme. Por eso, ahora que estoy tratando de encontrar trabajo, intento hablar por teléfono con quien me va a entrevistar antes de ir, para crear en él una idea inicial de madurez y responsabilidad, que sería muy difícil en un primer encuentro cara a cara.
Desde pequeña mis padres me han dado responsabilidades, aunque no me haya sentido nunca agobiada por ellas, las veía normales. Me ha gustaba escuchar a los mayores, preguntarles por su vida y conocer sus opiniones. No me considero marisabidilla, ni pedante; aunque algunas amigas lo pensaran en un primer momento, cuando no me conocían bien.
Me interesa lo que le interesa a la mayoría de los jóvenes del ambiente en que me muevo. No lo que le interesa a “los jóvenes”, porque ese concepto global no existe. Cada uno es diferente. Comparto la edad, pero no puedo compartir el mismo punto de vista que personas que empezaran a trabajar con 16 años en un taller, o que abandonaran los estudios a los 14 y sin haber intentado trabajar nunca se hayan situado fuera del sistema, o que se hayan educado en International Colleges de Suiza o Inglaterra, o que se hayan codeado con la alta sociedad en bailes de puesta de largo...
Yo estoy rodeada de personas que, como yo, viven con sus padres; gastan el dinero de sus padres, aunque hayan trabajado esporádicamente para sacar unos euros extras; han estudiado para intentar encontrar un trabajo que nos guste; que están como becarias ganando poco dinero o mandando currículos como locas; que discuten con los padres por las salidas de los fines de semana o porque no quieren comprarnos unos pantalones que son muy caros y muy feos...
Me siento muy a gusto y me divierto mucho con mis amigas y mis amigos, la mayoría del instituto o la Facultad. Pero las personas mayores me descubren aspectos nuevos que nosotros desconocemos y que hacen surgir en mí nuevas inquietudes.
Creo que puede tener razón: con mi forma de ser, tengo la rara habilidad de echarme años encima. Es una de las razones por las que pongo mi edad en el perfil de este blog: para que quien lo leyera no pensara que eran las historietas de la abuela.
Es frecuente que muchas personas se queden un poco descolocadas porque no les cuadra mi aspecto físico (pueden llegar a considerarme una niñata adolescente) con mi forma de hablar o las cosas que pueden interesarme. Por eso, ahora que estoy tratando de encontrar trabajo, intento hablar por teléfono con quien me va a entrevistar antes de ir, para crear en él una idea inicial de madurez y responsabilidad, que sería muy difícil en un primer encuentro cara a cara.
Desde pequeña mis padres me han dado responsabilidades, aunque no me haya sentido nunca agobiada por ellas, las veía normales. Me ha gustaba escuchar a los mayores, preguntarles por su vida y conocer sus opiniones. No me considero marisabidilla, ni pedante; aunque algunas amigas lo pensaran en un primer momento, cuando no me conocían bien.
Me interesa lo que le interesa a la mayoría de los jóvenes del ambiente en que me muevo. No lo que le interesa a “los jóvenes”, porque ese concepto global no existe. Cada uno es diferente. Comparto la edad, pero no puedo compartir el mismo punto de vista que personas que empezaran a trabajar con 16 años en un taller, o que abandonaran los estudios a los 14 y sin haber intentado trabajar nunca se hayan situado fuera del sistema, o que se hayan educado en International Colleges de Suiza o Inglaterra, o que se hayan codeado con la alta sociedad en bailes de puesta de largo...
Yo estoy rodeada de personas que, como yo, viven con sus padres; gastan el dinero de sus padres, aunque hayan trabajado esporádicamente para sacar unos euros extras; han estudiado para intentar encontrar un trabajo que nos guste; que están como becarias ganando poco dinero o mandando currículos como locas; que discuten con los padres por las salidas de los fines de semana o porque no quieren comprarnos unos pantalones que son muy caros y muy feos...
Me siento muy a gusto y me divierto mucho con mis amigas y mis amigos, la mayoría del instituto o la Facultad. Pero las personas mayores me descubren aspectos nuevos que nosotros desconocemos y que hacen surgir en mí nuevas inquietudes.



