viernes, junio 27, 2008

Tiempo para ti. Tiempo para mí.

Dicen que el tiempo es oro. Y lo tratamos como tal: unos tratando de atesorarlo, otros despreciándolo, muchos utilizándolo en su justo valor.
Hay quienes afirman constantemente que no tienen tiempo para nada y quienes no saben qué hacer con tanto tiempo. Muchos matan o pasan el tiempo (existen los pasatiempos, que nunca se llaman disfrutatiempos, a pesar de que podemos disfrutar con ellos). Otros muchos lo ahorran, aunque nunca desvelan cómo y dónde lo guardan, porque es imposible hacerlo. Virgilio, autor de la Eneida, ya constató que el tiempo se va para no volver.
El muy loable propósito jurídico de que todos seamos iguales ante la ley de los Estados no siempre se cumple. Pero ante la ley del tiempo, todos somos iguales y la realidad no discrimina a nadie. La vida nos concede periódicamente el mismo tiempo a todo el mundo, en las mismas condiciones sin discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Cada año se nos conceden 12 meses, o 365 días (y uno de propina cada cuatro años); cada día, veinticuatro horas; cada hora, sesenta minutos; cada minuto, sesenta segundos. Desde que nacemos, nos ponen en nómina para ese reparto; el salario, siempre el mismo, se nos abona sin retraso, sin necesidad y sin posibilidad de negociarlo, de reclamarlo, de intercambiarlo... Lo que nunca sabremos es cuándo nos van a enviar la parca para despedirnos, pero hasta entonces tendremos el salario asegurado.
La verdadera diferencia está en que con el mismo salario, las obligaciones son diferentes, los caprichos también. Pero la cuenta se equilibra continuamente, sin hacer balance de gastos e ingresos; sin posibilidad de pedir préstamos, ni de guardar para mañana. Por ello no queda más remedio que establecer nuestras prioridades de gasto, y la mayoría lo hacemos, con pocas quejas en general: sólo los que quieren parecer intensos, interesantes u ocupados dejan caer esas retóricas frases de “no tengo tiempo para nada”, “no me da tiempo a hacer nada”.
Tienes el mismo que yo, el mismo que tu hermano o tu vecina. Si prefieres dedicarlo a ganar dinero, me parece muy bien, pero no te quejes de que no puedes estar con tus hijos; si lo dedicas a cuidar a tu anciana madre, no lo podrás emplear en pasear por el campo... ¡Quéjate de no saber cuáles son tus prioridades, pero no de la falta de tiempo!
Cada día podemos utiizarlo para trabajar y divertirnos, para amar y odiar, para ayudar y fastidiar, para tomar el sol y mirar las estrellas. Y si nos queda algo de tiempo hueco, siempre podemos llenarlo de sueños.

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miércoles, junio 25, 2008

Preferencias deportivas y políticas

El presidente del Partido Nacionalista Vasco, Iñigo Urkullu desea el triunfo de la selección rusa en el Eurocopa, porque es un equipo que juega bien y, con la caída del muro de Berlín, Rusia es un país interesante.
El criterio futbolístico no lo discutiré. Sobre el otro, espero que el interés encontrado no proceda de algunos parecidos inquietantes entre Rusia y el País Vasco: la dudosa seguridad jurídica, la exaltación nacionalista, los periodistas asesinados o víctimas de atentados por ejercer la libertad de prensa (Anna Politkóvskaya, Igor Domnikov, Paul Klebnikov, José Luis López de la Calle, Gorka Landaburu, Aurora Intxausti), las ansias expansionistas (Georgia, Abjasia, Navarra).
El dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya Joan Puigcercós, prefiere que la Eurocopa la gane Turquía, para así potenciar el laicismo y europeísmo en la sociedad turca.
Es una lástima que el 97% del territorio turco se encuentre en Asia, lo que lo convierte en un país asiático, que gobierne el islamista Abdullah Gül, que se quiera recuperar el uso del pañuelo para las mujeres, que se masacre a los kurdos…

Yo prefiero que gane España, porque es mi país, (sin chovinismo ni tonto nacionalismo) o Alemania, porque también soy europea. Si el deporte es una sublimación de la guerra, que ganen los representantes de las sociedades democráticas, libres.
Es una pena que algunos prefieran el triunfo de quienes representan países corruptos, gobiernos mafiosos. A veces los mecanismos de identificación retratan la miseria moral.

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viernes, junio 20, 2008

El nuevo cuento del patito feo.

René Descartes afirmó que “no hay nada repartido más equitativamente en el mundo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente”.
Lo mismo podría decirse de la inteligencia. Hay ricos insatisfechos con el dinero que atesoran, personas hermosas acomplejadas por alguna imperfección en su rostro o en su cuerpo, pero ningún necio se queja de la inteligencia que le ha tocado en el reparto del mundo.
El Instituto de la Mujer, dependiente del Ministerio de la “miembra”, ha publicado un estudio sobre cómo muestran la sociedad las series de televisión más vistas en España. Me quedo con un aspecto al que puedo sacarle punta: en opinión de las mujeres encuestadas, “Yo soy Bea” es una serie percibida como más discriminatoria que la vida real.
Sin embargo, esta serie ha tenido gran éxito y su público es fundamentalmente femenino. El éxito de la historia de una fea inteligente y competente para los negocios, ha sido tal que a partir de la original telenovela colombiana “Yo soy Betty la fea”, se han sucedido innumerables versiones: desde Estados Unidos a Argentina y desde Portugal a Rusia y la India se ha clonado la historia y se ha adaptado (¿) a las características sociales de cada nación. Incluso se ha realizado un serie en dibujos animados: “Betty Toons” y actualmente en España se están emitiendo dos versiones en dos cadenas diferentes.
¿Cuál es el secreto del éxito de la historia?
Las mujeres estamos obligadas socialmente a ser hermosas. Todas sabemos que no llegamos a la belleza deseable (difícilmente alcanzable, dado el nivel de exigencia), pero todas estamos encantadas con nuestra inteligencia. (Incluso hay quien piensa que les ha entrado en el mismo lote que su cara de sapo; que por el mero hecho de ser feas son inteligentes. ¿Es que no hay feas tontas? ¿Es que no hay guapas inteligentes?)
Culpamos de nuestros fracasos profesionales al machismo que sólo valora un buen cuerpo, unas buenas tetas..., pero nunca a la propia incompetencia. Muchas mujeres esperan el triunfo final de Betty (o Leti o Bea...), en lo sentimental, lo económico, lo social, lo estético... Nos identificamos con ella compadeciéndola por su aspecto, proyectamos en ella la compasión por nosotras mismas. Pero, a la vez, la envidiamos en lo más íntimo porque ella no se compadece de su aspecto físico, de su desaliño,... Y sabemos que al final nos premian la autoestima al descubrirnos que el patito feo es un hermoso cisne: nos dejan con la esperanza de que algún día se descubrirá nuestra belleza interior, esa belleza soñada que nos consuela en los momentos más duros. Y unido a ese reconocimiento, irá nuestro éxito social, incluso el amoroso, un ascenso profesional bien remunerado, la compra de una lujosa mansión...
A pesar de que el aspecto físico condiciona la percepción que tenemos de las personas, al menos al principio (antes de abrirlos, del regalo sólo conocemos el envoltorio; por eso nos esforzamos con el lazo), en la vida real no existe una discriminación tan clara como en la serie.

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jueves, junio 19, 2008

Asumiendo los cambios

Creía que iba a poder publicar en el blog con una mayor asiduidad, pero los exámenes de la facultad, el ir y venir entre las casas de mis padres y asumir, en parte, tareas domésticas (Isabel afirma que estoy opositando a maruja) me deja poco tiempo para escribir.
Sigo bastante descolocada con la nueva situación familiar. Trato de asumirla; trato de entender a mi madre, aunque siga tratando de convencerla para que vuelva a casa; trato de consolar a mi padre, pero sin dejar de buscar su parte de responsabilidad. Con la pequeñaja (bueno, la pequeñaja ya ha dejado de serlo) hablo y hablo hasta las tantas de la noche, pero ninguna de las dos nos lo podemos explicar: nuestra familia era muy normal, nos queríamos, no teníamos apuros económicos, nuestros padres no se iban de picos pardos ni de juergas con sus amistades. Había cosas que siempre les ocurrían a los otros.
Por casualidad, el otro día vi en la tele que la hija de Isabel Preysler (San Google me dice que se llama Tamara Falcó) se había independizado y estaba asustada de lo caras que están las cosas. Pues algo parecido me ha ocurrido a mí, salvando las distancias económicas y de pijoterío que me separan de la tal Tamara. Yo estaba más o menos enterada de los precios de las cosas, porque voy a menudo a comprar; pero hasta ahora, nunca había tenido conciencia de lo rápido que se vacía la nevera, de la esclavitud de estar pendiente de lo que se acaba, y de cómo desaparecen los billetes que mi padre deja en el cajón.
¡Yo pensaba sisar algo para mis cosas, e incluso para comprar algunos silencios de mi hermana! Pero coges un billete de 50€, compras algo para cenar, te devuelven uno de cinco y alguno de diez (con suerte uno de veinte); cambio éste para comprar una fruslería de dos euros a mi hermana, quien después me pide para comprar el bonometro... y al día siguiente, tengo que coger otro billete de 50€, porque no sé si el billete de cinco y las monedas me van a dan para desayunar en la Facultad y comprar un poco de fruta, a la que vuelva.
En fin, que Zapatero y Rajoy lo llamen como quieran (“crisis”, “desaceleración”, “recesión”, “estancamiento”, “entanflacion”, “ajuste de la situación”, “crecimiento modesto no negativo”, “descrecimiento”, “comprensión de los factores económicos favorables”...) pero el dinero no me llega para nada y me crea complejo de culpabilidad. Menos mal que mi padre abre la cartera sin preguntas.

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