martes, noviembre 27, 2007

El lenguaje del llanto.

El primer, y universal, lenguaje humano es el llanto. Cualquier persona, apenas sale al mundo, llora. Algunos han dicho que es un anticipo de lo que le espera en este “valle de lágrimas”, pero nadie duda que, si un recién nacido no llora al nacer, se plantea un grave problema de salud para el niño.
El primer llanto, como la muerte, nos iguala a todos, independientemente de nuestro origen, de nuestra familia, de nuestra cultura… Todos al nacer lloramos y, durante un tiempo es el principal, si no único, medio de comunicarnos con nuestros semejantes. Los bebés lloran para pedir su comida, para que se les cambie el pañal, para expresar la enfermedad… Posteriormente podemos modular ese llanto con intensidad y entonación aprendidas, podremos forzarlo o contenerlo, pero el llanto sincero siempre procederá de una emoción. Con la edad, vamos prescindiendo de este medio de comunicación y, culturalmente, en nuestra sociedad la frecuencia depende de nuestro ambiente familiar y sobre todo de si somos hombres o mujeres.
Y el llanto lo mostramos externamente de tres formas: con sonidos que tienen una determinada melodía y ritmo; con los gestos de la cara y los ojos; y con la segregación de lágrimas. No siempre se dan las tres formas: podemos prescindir de cualquiera de ellas y, cuando ello pasa, suele tener efectos más emocionantes. Recuerdo la vez en que en el silencio y la oscuridad de la noche, mis manos se humedecieron al acariciar el rostro de Carmen; lloraba en silencio por un dolor callado. No pude dejar de unirme a su llanto sin aún saber su motivo.

Un breve y resumido recorrido por los llantos humanos:

Llanto de supervivencia del bebé para empezar a respirar.
Llantos infantiles angustiosos por un fuerte dolor.
Llantos histéricos y forzados de niños que quieren llamar la atención de sus padres o de plañideras que quieren ganarse una gratificación.
Llantos decepcionados del estudiante suspendido.
Llantos nupciales de feliz emoción, por parte de la novia y su familia.
Llantos de impotencia ante la enfermedad y el sufrimiento.
Llantos angustiados de los padres ante la adversidad de sus hijos.
Llantos fúnebres emocionados por la pérdida de un ser querido.

Qué otros tipos de llanto se te ocurren?

Como propina a esta entrada, recojo las Instrucciones para llorar que nos dio Julio Cortázar:
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza.
El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del jersey contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

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jueves, noviembre 22, 2007

Fernando Fernán Gómez. Lo extranjero, antes y ahora.

Ayer, 21 de noviembre, falleció Fernando Fernán Gómez, actor, director de cine y escritor.
Creo que cualquier español sabía quién era y conocía buena parte de su trabajo. Pero como disfruto de lectores en distintos países en los que quizá no sea muy conocido, recomiendo que visiten la página de “El Criticón”.
Hace varias semanas que descubrí, entre los papeles de mi madre, un artículo de Fernando Fernán Gómez, publicado en El País Semanal el 22 de junio de 1986 y pensaba hacer un comentario sobre él. Hoy no puedo dejar pasar la ocasión.
He preguntado a mi madre por qué lo guardó y no lo recuerda: “Quizá tuve que dejarlo a medias para darte el biberón o cambiarte los pañales, y lo recorté para leerlo más tarde.” Y es que este artículo tiene sólo un año menos que yo, pero me hace sentir mayor porque demuestra cuánto ha cambiado España en 21 años.

Resumen del artículo: El autor parte de que sería bueno que “el extranjero, y por tanto lo extranjero, no existieran”, pero existen. A partir de ahí, divaga sobre qué es eso del extranjero. ¿Qué significado se le da a la palabra? ¿Es lo perteneciente a cualquier nación que no es la propia o responde a un imaginario colectivo de lo que debe ser lo extranjero? (Cuando un español dice que le gustan las películas extranjeras, no se refiere a las de cualquier país distinto a España, sino a las películas norteamericanas (o como mucho las francesas, inglesas o italianas). Fernando Fernán Gómez concluye que para considerar a un país como extranjero, debe ser lejano, pero no demasiado (porque pasaría a ser país exótico) y debe hablarse una lengua distinta a la nuestra (los países latinoamericanos no serían el extranjero).
Si alguien decía que su hija se casaba con un extranjero, recibía felicitaciones no sólo por el acontecimiento, “sino por la categoría del novio”. Si la realidad era que la hija se casaba con un “albañil portugués”, podría haberse pensado que nos habían engañado.
Para los españoles, “ciudadanos de un país pobre”, con “sentimiento de pobreza”, el extranjero y lo extranjero nos inducían casi siempre admiración y, por eso, reservábamos el concepto a los países ricos. Los países iguales o más pobres eran otra cosa o no eran nada.

En los últimos 21 años, España ha mejorado mucho gracias al trabajo de la mayoría, y a que las peleas políticas no han interferido en el desarrollo de la vida cotidiana (con la salvedad del terrorismo etarra) ni nos hemos dedicado a buscar chivos expiatorios en el extranjero. Los proyectos de modernización iniciados por un gobierno han sido continuados por el siguiente, con los necesarios retoques de maquillaje electoralista. Y las empresas y trabajadores sabían que los cambios legales no iban a hacer temblar los cimientos económicos.
Pero hemos cambiado el “sentimiento de pobreza”, por el de nuevos ricos. Y en mi opinión hemos dado la vuelta al significado que Fernán Gómez asignaba a lo extranjero.

Si un español dice hoy que su hija tiene un novio extranjero, podemos felicitarle, pero pensamos: “¡Pobre hombre! ¡Con la hija tan guapa que tiene!” Y la imaginamos del brazo de un hombre sudamericano bajito, regordete y borracho que, una vez consiga la documentación legal y le haya sacado dinero empezará a maltratarla y hasta llegar a las noticias de sucesos; o con un negro muy negro que llegó en patera (y al que los periódicos definen como subsahariano) y vende en el top-manta, pero es que la niña siempre dio importancia al tamaño; o con un terrorista marroquí que le ha colocado el velo islámico y la mantiene sumisa a sus caprichos y órdenes machistas.
Si después descubrimos que el novio es un norteamericano alto y guapo, ejecutivo de una multinacional norteamericana, o un ingeniero sueco o el director de un banco suizo...
Cuando una herramienta o aparato electrónico se rompe con el primer uso, seguro que es de “los chinos” o de “algún país del Este”. (Antes, las herramientas extranjeras siempre eran buenas, y de alemania; los buenos televisores, holandeses o japoneses). Cuando la fruta y verdura que comemos no es buena, seguro que es “extranjera” (o de fuera, que el lo mismo, pero peor): serán tomates de Marruecos, naranjas de Argentina o Uruguay, espárragos de China o Perú.
Hay langostinos de los buenos (de Sanlúcar de Barrameda) y de los otros (insípidos y congelados procedentes de Colombia, Ecuador o Mozambique).
Y podría seguir poniendo ejemplos.

Hoy en día, lo extranjero nos induce un cierto desdén cuando no menosprecio o repulsa y, por eso, solemos reservarlo a los países más pobres, pero de los que tenemos noticias cercanas por sus personas (que nos llegan como inmigrantes) o por los productos que compiten con los nuestros y que nunca son tan buenos. Casi todo lo referido a Hispanoamérica ha sido incluido en lo extranjero. Los países iguales o más ricos son otra cosa, son Europa, América, Japón...
Bueno, las “buenas películas extranjeras” siguen siendo del Hollywood norteamericano (o son una iraní o una china que ha ganado de Festival de Villaovejas del Dormido)

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martes, noviembre 13, 2007

Hablar y escuchar con educación.

El presidente venezolano Chávez ha reconocido que no escuchó lo que le dijo el Juan Carlos de Borbón en la Cumbre Iberoamericana. Estaba tan absorto en su monólogo insultante que no escuchó lo que se le decía, ni vio el gesto con que se le decía. (Fue una suerte para todos, porque un maleducado que se siente herido es de lo más peligroso.)
Ese es el problema de muchas personas: cuando creen conversar lo único que hacen es soltar su discurso, repetirlo una y otra vez, pero no escuchar lo que se le responde. Son habituales las discusiones en las que alguien ajeno puede descubrir que las diferentes partes están diciendo algo parecido y que, sólo con escuchar un poco al otro, podrían llegar a un acuerdo sin demasiada dificultad. Otras discusiones podrían zanjarse con pequeñas cesiones de una y otra parte, renunciando a tener “toda la razón”, ya que nadie puede tenerla.
En las reuniones formales hay un protocolo de intervenciones, unos turnos en el uso de la palabra, unos derechos a réplica, etc. Si no fuera así, dichas reuniones se convertirían en reuniones tabernarias, donde sólo se oiría al más vociferante sobre un mar de vocerío.
El sábado ese protocolo se rompió porque Chávez se empeñaba una y otra vez en interrumpir con insultos la intervención de Rodríguez Zapatero. El presidente español, entre sus virtudes (que en ocasiones se convierte en defecto) tiene la de hablar con tono muy sosegado, muy pausado. Y eso se torna peligroso, ante un energúmeno educado en un ambiente cuartelero, donde muchas cosas se hacen por imposición, y que no fue capaz de terminar sus estudios universitarios de Política. Ante esa actitud, el rey también olvidó el protocolo y las buenas formas, pero comprensible en un Jefe de Estado que observa como un ex-presidente de su país es insultado y el presidente actual no puede hablar. Veo un error en ello, que fue el tutear a Chávez, porque denota una actitud un tanto paternalista. Debería haberlo tratado de “usted”, como hace un capitán general cuando reprende a un teniente coronel (porque el lumbreras y golpista Chávez no llegó a más en el ejército).
Sin embargo me ha parecido bien que no impusiera silencio, porque él no era el moderador de la reunión. Si queremos cogerla con papel de fumar, podemos decir que sólo quería saber las razones de tanta interrupción: ¿por qué no te callas?”. Si el presidente venezolano supiera escuchar, habría visto la oportunidad de responder: “porque me han dado cuerda”, “porque tengo pocas ideas, pero las repito mucho para que parezcan más”, “porque sólo mis palabras son interesantes”, “porque no soporto que nadie me lleve la contraria”…

Hay que reconocer, como dice J. M. Barrie, que todos los esclavos de una idea fija, se trate de un presidente electo o del cocodrilo perseguidor de Garfio, son animales estúpidos. Y es síntoma de mala educación hablar de la buena educación de la que muchas personas carecen.

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miércoles, noviembre 07, 2007

Palíndromos.

Como aficionada a la lengua y a la literatura, siempre me han atraído los juegos de palabras, las curiosidades del lenguaje, los significados ocultos, los dobles significados (intencionados o casuales) de todo lo que decimos, ...
Hoy quiero desempolvar algunos palíndromos de mi colección. (Un palíndromo es un texto, palabra o frase, que se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda).
Aquí los expongo: cada palíndromo va en una línea, pero he tratado de relacionar algunos para formar frases o enunciados más completos.

Ana,
ajena monógama, a mago no maneja;
a mí me mima,
a Caín ama la maníaca.

Eva usaba rímel y le miraba suave
a tu pacífica puta
Etna, la gata galante,

A Dafne la romana moral enfada.
Edipo le mira, Mari me lo pide:
dad roce, recordad,
si era mimoso mimaréis.

¡Sereno mamón eres!
El aviso sí vale:
¡Otro coito, tío corto!
A tu pacífica puta,
soban sus nabos.

Amor a Eva, usa suave aroma.
Adán no calla con nada.
Es Adán, ya ve; yo soy Eva y nada sé.
Somos nada, ya ve, o lodo o dolo, Eva y Adán somos.

Soborno con robos.
Son robos, no sólo son sobornos.

¿Conocéis otros? Os invito a añadir los que queráis. (No vale "Dábale arroz a la zorra el abad")

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viernes, noviembre 02, 2007

Correspondencia oculta

Desde que puse mi correo en el blog, bastantes personas me han enviado comentarios privados (casi siempre anónimos) que no se atrevían a poner en el blog. Puedo clasificarlos en varios tipos:
Comentarios de ánimo: referidos a mi relación con Carmen o a lo que comentaba de la bebé de Aurora. Suelen ser más sentidos o intimistas que los publicados. Debe de ser porque se trata de personas más tímidas, que no se atreven a mostrar sus sentimientos en público, pero les crecen en el interior con gran fuerza y sólo en la intimidad son capaces de expresarlos.
Peticiones de detalles: proceden de personas que creen que soy un poco reprimida en mi sexualidad, porque no hablo “abiertamente” de mi relación con Carmen. No obstante, son lo suficientemente respetuosos y moderan su expresión para no ofender. Se refieren a que no detallo mis encuentros, como si esto se tratara de una novela erótica. Alguna vez lo he hecho, pero no veo el interés de describir una y otra vez lo que cualquiera puede hacer en la intimidad, con más o menos acierto, habilidad o frecuencia. Por otro lado, una relación sentimental o sexual no anula el resto de la vida de una persona: puedo estar con Carmen y seguir teniendo otros intereses, inquietudes, problemas... Quien quiera leer sobre sexo, tiene suficientes sitios en internet, en los que buscar datos, inspiración o excitación.
Invitaciones al placer: Se ofrecen como objetos sexuales para darme placer. Son personas que tienen un alto concepto de su capacidad sexual, aseguran que no me defraudarán y me van a “enseñar lo que es bueno”. Por el momento no necesito aprender de ellos más de lo que sé, pero nunca se sabe...
Ofertas amorosas: Por el momento tampoco necesito. Con Carmen estoy servida y feliz. Supongo que algunas personas creen que a través del blog han llegado a conocerme y que les he causado una buena impresión; pero no puedo entender cómo llegan a afirmar que “están enamoradas”. El amor sólo puede nacer del verdadero conocimiento de una persona presente ante nosotros. ¿Qué es el amor platónico? ¿El amor idealista?: la negación del verdadero amor.
Invitaciones a seguir cadenas con cualquier intención: para ganar dinero, para encontrar niños perdidos, para alcanzar lejanos anhelos, para difundir idearios pseudo-religiosos... Jamás las continúo.

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