lunes, octubre 29, 2007

A la niña de Aurora

¿Qué cariño te ha faltado de tus padres para que sufráis tanto?
¿No has sentido sus caricias a través de la barriga de tu madre?
¿Qué tipos de besos podemos darle a tu madre para que sigas creciendo y nazcas sana?
¿No sientes el cariño que le damos en cada beso, en cada frase?
¿Qué ánimo necesita tu padre para cuidar a tu madre y que tú lo sientas?
¿No le sientes, día tras día, a vuestro lado en el hospital, cuidándoos, mimándoos?
¿Qué plegarias podemos ofrecer al Dios en que cree tu madre?
¿No escucha a quienes le rezan, día y noche? ¿No sirven las sinceras ofrendas?
¿Qué sabiduría puede faltarles a los médicos para que te salven?
¿O todavía no hemos llegado a dominar los imprevistos de la naturaleza?

Sigue luchando por vivir, por nacer, por hacer feliz a tus padres. Vuestra felicidad nos alegrará a todos los que os queremos.

(Mi amiga Aurora está embarazada de seis meses, pero corre el riesgo de perder a su bebé. Ha sufrido una infección y la niña no puede desarrollarse adecuadamente).

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domingo, octubre 21, 2007

Mujer con mujer

Quiero dar las gracias a todas las personas que me habéis animado y aconsejado sobre mi relación con Carmen. Y quiero deciros que la cosa va mejor. Gracias, otra vez.
Hoy quiero hablar sobre el lesbianismo. Parto de los datos de Marvin Harris.

En diversas culturas hay formas institucionales de homosexualidad masculina. Sin embargo, son menos las culturas que han institucionalizado formas de homosexualidad femenina. Esto parece deberse a su tradicional exclusión de las prácticas militares y de las escuelas filosóficas, en las que la práctica homosexual entre maestros y aprendices puede ser un elemento de refuerzo del aprendizaje y fidelidad.
Las prácticas lésbicas documentadas casi siempre se limitan a rituales de iniciación, porque la posición subordinada de las mujeres no ha favorecido el erotismo entre mujeres de clase alta y sus esclavas o sirvientas. Por ejemplo, en África, la sociedad dahomey prepara a las adolescentes para el matrimonio en una especie de escuela femenina en las que les enseñan a realizar el coito y a dar consistencia a sus genitales.
Es más frecuente que algunas mujeres adopten una categoría social que no responde a hombre ni mujer, pero que practiquen el sexo con mujeres. Estas “ni hombre ni mujer” suelen adoptar funciones sacerdotales o chamánicas.
A veces, por la emigración de los hombres, en la isla caribeña de Carriacou, algunas mujeres casadas maduras adoptan a jóvenes solteras con las que comparten el dinero que les envía el marido e intercambian favores sexuales y apoyo sentimental.
En el delta del río Perla, en la China del siglo XIX y principios del XX, en las factorías de gusanos de seda la mano de obra era femenina y al disponer las mujeres de cierta autonomía económica, no querían aceptar la sumisión del matrimonio. Formaban hermandades femeninas donde eran frecuentes las relaciones lésbicas y ciertos “matrimonios” formados por dos o tres mujeres.
En las sociedades polígamas es muy habitual que la ausencia del marido en los harenes favoreciera las relaciones lésbicas entre las coesposas.
La homosexualidad femenina está menos documentada que la masculina, pero probablemente no haya sido menos frecuente: sólo más clandestina.
Incluso en la actualidad, los movimientos sociales ligados a la reclamación de derechos para los homosexuales no tienen la misma repercusión social según se centren en la homosexualidad masculina o femenina. Las redes sociales de los varones homosexuales son más activas, más extensas y tienen mayor repercusión que las redes sociales de lesbianas. Ya hablé de ello con motivo del llamado "día del orgullo".
Otra dificultad con las que se enfrenta el lesbianismo es que el poder sigue siendo muy masculino. Mientras que la existencia de los gays alivia la rivalidad entre los varones heterosexuales en su lucha por conquistar objetos sexuales; las lesbianas suponen una reducción de sus posibilidades de conquista.
Quizá en la actualidad, la incorporación de las mujeres al ejército y, sobre todo, al estudio haya creado muevas posibilidades eróticas entre mujeres. Enamorarse de la superior jerárquica o de la admirada maestra puede sustituir al tradicional enamoramiento de alumna-profesor, enfermera-médico, secretaria-jefe. Por otra parte, la poco a poco conquistada independencia económica de las mujeres nos permite decidir con quién queremos vivir y a quién queremos amar.

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jueves, octubre 11, 2007

¿Qué le pasa a Carmen?

Últimamente encuentro que Carmen está extraña. Sólo ha podido quedar un par de veces en las dos últimas semanas, cuando hablamos por teléfono, apenas tiene nada que contar. La encuentro como aburrida, distante, incluso esquiva. Si le pregunto qué le pasa, siempre obtengo la misma respuesta: “No me pasa nada”.
A raíz del comentario que publiqué sobre su piercing, alguien me ha hecho notar que casi no doy información sobre cómo es ella, y menos aún sobre cómo soy yo.
Es cierto que, voluntariamente, no he dado información sobre cómo soy físicamente (salvo la foto que publico en el perfil y algún pequeño detalle que he dejado caer); pero información de cómo soy interiormente y cómo pienso queda patente en cada uno de mis comentarios. Esto lo he hecho, porque peco de prevenida, y considero que dando mi nombre y edad, quien me conozca puede pensar que soy yo quien escribe el blog, pero también quedarse con la duda.
Sí me ha sorprendido, en cambio, releyendo el blog, que doy muy pocos datos físicos de Carmen. Sólo puedo atribuirlo a mi natural modestia: casi todos los datos que de ella pudiera dar, podrían parecer fantasmadas y más de una podría exclamar: “¿Una chica así, con alguien como tú? ¡Vamos, anda, déjate de faroles!”
Trataré, no obstante de subsanar esa falta de información próximamente; pero antes deberé dejar a un lado el mosqueo que ahora tengo con esta chica a la que tanto quiero y que me está haciendo sufrir.

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lunes, octubre 08, 2007

Las supersticiones me queman

En España, durante las últimas semanas se han producido varias manifestaciones en las que se han quemado fotografías del Rey Juan Carlos I.
No voy a entrar en los aspectos legales de dichos actos; ni en defender o atacar al Rey o a la institución monárquica. Personalmente preferiría un Estado organizado en forma de república que contar con una Monarquía; pero es una preferencia que sólo desearía que se hiciera realidad si fuera consecuencia de un gran acuerdo nacional, con tranquilidad y sin violencia de ningún tipo. Como actualmente no veo esa posibilidad, me conformo con lo que hay, ya que, en realidad no afecta demasiado a la vida política ni a la vida de los ciudadanos el hecho que la “figura representativa” del Estado sea un Rey o un Presidente. ¿Hay mucho que conozcan a los Presidentes de las Repúblicas Italiana, Alemana, Irlandesa, Portuguesa? Se conoce a los presidentes de gobierno o primeros ministros. (Casos diferentes son las repúblicas americanas o la República Francesa, que son de corte presidencialista).
De la quema de fotografías, me llama la atención la superchería que supone.
Unas personas que se dicen republicanas, racionales, queman fotos del Rey, porque ven ilógico y anacrónico el que la jefatura del Estado sea hereditaria. Acepto parte de su argumento. ¿Pero no es irracional pretender hacer daño a alguien quemando su foto? ¿No se trata de pura superstición anacrónica? No se conforman con tirar o romper las fotos del Rey que tengan en su casa; o en pintarle bigotes, gafas, cuernos... para ridiculizar su imagen (como hacíamos de niños en los libros del colegio); sino que las buscan fotografías, las fotocopian y las queman. Incluso las colocan cabeza abajo, sin que yo llegue a entender la razón. Deben pensar que la repetición de la quema causa más daño en la persona referida.
Todavía en muchos pueblos, al terminar la Semana Santa, se ahorca y quema un pelele de paja que representa a Judas; y el populacho lo celebra y lo golpea mientras arde. Es una catarsis de pueblo: cada uno ve en el judas a ese malvado, a ese traidor real que vive en el pueblo, pero al que no podemos ahorcar, ni quemar, ni golpear, sin infringir las leyes.
Quienes hacen vudú, pinchan a un muñeco que representa un enemigo para, por transferencia, hacer daño a esa persona. También son muchos los que creen en el mal de ojo. Dicen los creyentes en estas supercherías que dan resultado tanto el vudú como el mal de ojo. Yo nunca lo he creído.
Pero a la vista de cómo repiten sus acciones los supersticiosos republicanos y cómo se ofenden los supuestos defensores de la Monarquía, voy a tener que empezar a creer que es cierto.
He venido considerando que la mayoría de los republicanos en España eran ateos o agnósticos; pero ahora resulta que creen que en esas fotos está el alma, incluso el cuerpo del rey. Esto es comparable a pensar, como hacen los católicos, que las imágenes religiosas contienen algo más que la madera, el marfil o el mármol de que están hechas.
Parece que quien quiere combatir una superstición siempre termina creando las suya propia, que casualmente termina por parecerse demasiado a la contraria. Los regímenes totalitarios que han proclamado el “dios ha muerto” han terminado creando algún nuevo dios al que venerar y al que someterse de forma irracional. Los nazis, que tanto bebieron de las fuentes de Nietzsche y su “dios ha muerto”, endiosaron a Hitler. Los soviéticos o los comunistas vietnamitas crearon grandiosos mausoleos protocolos de adoración a sus dioses Lenin o Ho Chi Minh que hacen palidecer a sus equivalentes religiosos. En Cuba, la palabra de Fidel Castro debe ser considerada una verdad indiscutible e infalible como la del Papa de Roma, con el agravante de que el cubano aún dispone de una maquinaria inquisitorial de la que el romano carece.
Quienes queman fotos, banderas, símbolos religiosos, etc. con el ánimo de injuriar no sólo son tan malvados como los que queman libros (los nazis alemanes, los yugoslavos que prendieron la biblioteca de Sarajevo) o personas (las diferentes inquisiciones religiosas) para acabar con determinadas ideas; sino que son más irracionales y supersticiosos.

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jueves, octubre 04, 2007

Su piercing me duele un poquito.

Después de algunos días sin ver a Carmen, porque me daba largas para quedar, se ha presentado con un piercing en la lengua. Llevaba uno en el ombligo, el cual no le quedaba mal, aunque no me entusiasmaba especialmente. Pero en la lengua ya me da mucha grima, no sólo cuando me lo ha enseñado, sino que me parece que se traba un poco al hablar por falta de práctica y no puedo dejar de pensar en que lo lleva, aunque no pueda verlo.
Creo que nunca me pondré un piercing, (y menos aún en la lengua) y tampoco me haré un tatuaje. Aunque en realidad sí llevo piercing y tatuaje, ambos me los hice sin elección propia: mi madre mandó a una enfermera que me perforase las orejas para los clásicos pendientes el mismo día que nací; y, también de niña, un maldito alambre me rompió el pantalón y tatuó sin tinta una hermosa cicatriz en el muslo derecho.
Los piercing pueden tener su aquél, pero no le veo demasiada gracia. En cambio, sí veo tatuajes bonitos, con intención estética, o erótica, o de identificación, o de protesta... Sin embargo, yo, tan racional, imagino esa imagen sobre mi piel arrugada cuando llegue a los 50:
¿La fragante rosa se marchitará a la vez que mi piel?
¿Los caracteres chinos que significan amor, al arrugarse, declararán el hastío de la relación?
¿Quedarán las alas de mariposa atrapadas entre los pliegues de la piel añosa?
¿...?
No he podido alabar la decisión de Carmen: no me convence y ella lo sabe. Tampoco puedo criticarla abiertamente, porque creo que debo aceptarla. Ella trata de convencerme de lo acertado de su decisión con picardías, y dice lo afortunada que seré al disfrutarlo. Incluso me anima a que yo me lo haga, para que pueda corresponderle. Sólo sé que de momento, me ha privado de sus apasionados besos, hasta que le cicatrice la herida.
(Espero que no se anime a ponerse unas gafas piercing, porque me privaría de disfrutar de sus hermosos ojos: no podría aguantar la mirada).

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