C- Pero yo no quiero molestaros.
E- No, si en casa hay sitio.
C- ¿Pero yo tengo sitio?
I- No te entiendo.
C- Vale. No he dicho nada.
Después de más de media hora, conseguimos parar un taxi. Y ello, gracias a la galantería de otros dos chicos que nos lo cedieron, sin discutir. Entro yo la primera, después Carmen que se adelanta a Isabel, y queda sentada en medio. Si el taxista fuera mi padre, la habría obligado a cambiarse, porque era la más alta y no le dejaría ver por el retrovisor.
C- No me había fijado en tus medias. Son muy bonitas. (Y su dedo recorre la pierna de Isabel desde la rodilla hasta medio muslo, antes de girarse hacia mí)
C- ¡Uf, qué calor! (Mientras se quita la cazadora y se afloja el fular)
El taxista dice: "La calefacción la llevo casi al mínimo, pero… "
E- No se preocupe, está bien así.
I- ¡Estate quietecita un poco, Carmen! (Y me hace una mueca de hartazgo)
C- ¿Puede ser la bebida, Estefi? Pero no estoy ni mareada.
I- El presupuesto no daba para emborracharse. Pero tú sí me estás mareando.
El taxista lanza miradas furtivas por el retrovisor, pero no se despista y esquiva al motorista que se salta un semáforo. Al fin, llegamos.
E- Por favor, no des voces en la escalera.
E- Carmen, tú te acuestas en mi habitación. E Isabel y yo en la de mi hermana, que tiene dos camas.
C- ¿Cómo voy a echarte de tu cama? Quédate, tú y yo me voy con Isabel.
E- No, no, que ésta es un desastre (ironía) y quiero vigilarla para que no desorganice las cosas de mi hermana. (Isabel se siente aliviada). Tengo un pijama que puede servirte.
C- Suelo dormir desnuda. Además hace mucho calor.
I- Si tienes para mí, déjame uno.
Me cambio mientras Isabel está en el baño. Después intercambiamos escenarios y acciones. Isabel habla lo justo, seguramente molesta por la actitud de Carmen. No pienso que le caiga mal, es su actitud desde que hemos cogido el taxi.
E- ¿Tienes que levantarte a alguna hora?
I- No, con llegar a casa antes de comer…
E- Carmen, ¿quieres que ponga el despertador? (Repito la pregunta, con voz más alta. No responde)
C- ¿Decías algo? (Abre la puerta y aparece en tanga y sujetador)
E- ¿Tienes que levantarte a alguna hora? (Le señalo el despertador)
C- ¡Ah, no! No tengo prisa. Ni siquiera tendríamos que acostarnos ahora. Podríamos tomar la última y hacer unas risas. ¿No te parece, Isabel?
E- Deja a Isabel, que está muerta. A mi tampoco me apetece beber más, pero si quieres tomarte algo, hay de casi todo.
C- ¿Que hago bebiendo sola?
E- Salgo, y te acompaño mientras.
C- No, déjalo. Me gusta tu pijama; espera, ya está, tenías la solapa mal colocada. Hasta mañana, Besitos.
Cinco minutos más tarde… vuelve a entrar, encendiendo la luz, ya sin sujetador, y en la mano trae un peluche mío olvidado hace años.
C- Estefi, ¿puedo cogerte esta foca para dormir con ella?
E- Claro, lo que quieras.
C-¡Me encanta lo suave que es!
E- Mañana te lo regalo, si te gusta.
C- ¡Tiene un tacto...! Por cierto, ¿tienes otro pijama para mi? Bueno, déjalo, no es tan suave como el tuyo. ¡Y no te voy a pedir que nos lo cambiemos! Me arroparé muy bien. Hasta mañana.
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