viernes, diciembre 21, 2007

Y después la fiesta privada.

El lunes, después de demostrarnos que cuando nos lo proponemos podemos ser unas chicas traviesas, (que no chicas malas), Carmen y yo nos quedamos tomando un café mientras que Isabel salió escopetada a su cita con el príncipe. Era lo que teníamos que hacer, porque el café es lo único que echamos de menos en el cóctel, pero creo que las dos (yo seguro) estábamos deseando superar el trámite y marcharnos a su casa. El día anterior me había dicho que su madre iba a estar dos días fuera en un congreso, lo que suponía una invitación evidente. Así lo entendí, y para evitar tener que rechazar una invitación más comprometedora le dije que era una pena que fuera entre semana, porque no podía invitarme una excusa para quedarme a dormir.
Cogimos el autobús que no iba muy lleno y nos sentamos en la parte de atrás: mientras descubríamos en voz alta las luces navideñas de Madrid, varias veces le acaricié intencionadamente su pierna con la mía, evitando su mirada. Cuando lo dejé de hacer, ella me las devolvió. Se me cayó la carpeta y al recogerla, no puede evitar que mi mano se posara en su muslo, al borde de su minifalda.
En el ascensor, tampoco pude evitar lanzarme contra ella, sin manos, amortiguando el golpe en su pecho antes de robarle un beso. “¡Pero, tía, estás loca!”, mientras me pellizcó el culo, con cuidado, como ella sabe hacerlo.
Después la ropa tirada en el suelo; las dos, entre las sábanas, abrazadas, las piernas entrelazadas; sus manos viajando por mi espalda como sólo ellas saben viajar; mis manos recorriendo sus riñones y, de vez en cuando deteniéndome sus maravillosos hoyuelos como a ella le gusta. Al principio, y a pesar de mi impulsividad previa, la cosa fue muy calmada: no necesitábamos perdernos en las regiones más ardientes, nos bastaba sentir el calor de la otra, las caricias casi inocentes, algunos besos casi infantiles. Y eso, unido a los restos de alcohol en sangre, nos llevó a un placentero sopor.
Eran más de las ocho de la tarde cuando Carmen me despertó con caricias deseantes, cuando sentí en mi cuello la humedad de su saliva que se desplazaba hacia el pecho; cuando la sentí aferrarse a mis tetas y me clavó las suyas en mi espalda; cuando sus manos se arrastraron por mi vientre. Y todo ellos fue tan rápido, que ella misma se sorprendió cuando sus dedos pudieron colarse en mi pecado sin dificultad, casi invitados por mi deseo. El resto es secreto.

Etiquetas: , ,

4 Comments:

Blogger pepe montero said...

Descubro tu blog y lo pongo en favoritos. Veo ese texto y esas fotos, todo tan excitante, tan lujurioso.

Pero no me ha tocado nada de nada en la lotería, y tengo muchas ganas de llorar.

22 diciembre, 2007 19:36  
Blogger Otra vez a viajar al olvido... said...

sisi, quiero esa fiesta pribada...

23 diciembre, 2007 22:44  
Blogger Néstor Luis González said...

Me derrito de pronto.
Besos.

24 diciembre, 2007 00:16  
Blogger Freyja said...

genial, un texto lleno de increible pasion y entrega y ademas muy bien contado
te felicito amiga, escribes genial
muchas gracias por tus saludos y tu compañia en el blog de Freyja
mil disculpas si no te he venido a saludar pero he estado enferma y un poco alejada, pero igual voy lentamente saludando a la s amiga
que tengas una feliz navidad junto a la familia y que el nuevo año que viene sea de mil cosas bellas
muchos cariños y que estes muy bien
besitos


besos y sueños

24 diciembre, 2007 04:19  

Publicar un comentario en la entrada

<< Home


Estadisticas gratis